Recapitulativo 1 Buen montaje y recopilación de las hostias que se llevó el amigo del narco en TVE 👏🏽👏🏽👏🏽👌🏽#FeijooMentirosoYCobarde pic.twitter.com/6kKhnC7NFX  — Xé martín-barr (@xoanadafonte) July 20, 2023ALT
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La noche del 27 al 28 de abril de 711, un ejército bereber del califato Omeya comandado por Táriq ibn Ziyad cruzó el estrecho de Gibraltar iniciando la invasión musulmana de la península ibérica. La invasión fue planificada entre Táriq, gobernador del norte de África, y el conde de Ceuta don Julián, gobernador y vasallo del rey visigodo, Rodrigo, pero con lazos de fidelidad con el anterior rey Witiza. Un año antes Rodrigo había protagonizado un golpe de Estado después de la muerte del rey Witiza, lo que le permitió asumir la corona con el apoyo de un sector de la aristocracia del reino.

Entre el 19 y 26 de julio de 711 en Guadalete se libraría una batalla decisiva, donde la traición de una parte de la nobleza goda dio la victoria a las tropas islámicas. La batalla se libró en las cercanías al río Guadalete, en la provincia de Cádiz. No se conoce el sitio exacto pero lo más aceptado es que fue a siete kilómetros de Arcos de la Frontera, cerca de la ciudad despoblada de La Lacca.

Previo a la batalla se dieron dos días de escaramuzas. Cuando los ejércitos se enfrentaron, los witizanos, que ocupaban los flancos, traicionaron a Rodrigo y se pasaron al bando musulmán. Las tropas fieles resistieron pero estaban en clara inferioridad numérica y técnica. La caballería ligera musulmana causó estragos en las filas visigodas.

En cuanto a Rodrigo, éste murió en la batalla, junto con muchos miembros de la nobleza visigoda, abriendo el camino para la conquista de la capital visigoda de Toledo. La victoria musulmana le dejo el camino despejado a los hombres de Táriq para llegar a Toledo, la cual se encontraba desprotegida al haberse llevado Rodrigo gran parte de las fuerzas de defensa de la guardia real de la capital.

Toledo no opuso resistencia, a finales del mismo año 711 era tomada. La muerte del rey y de la élite cortesana, tanto partidaria como adversaria de Rodrigo, así como la caída de la capital paralizó el sistema político, y la nobleza regional se sometió a los invasores negociando la conservación de su estatus político y económico.


Imagen. En la batalla de Guadalete, ocurrida en julio de 711, las fuerzas omeyas al mando de Táriq ibn Ziyad derrotaron a los visigodos liderados por el rey Rodrigo. Tras la batalla se encontró el caballo del rey visigodo alcanzado por muchas flechas, pero ni rastro del rey. Se supuso que había muerto y que las aguas del río lo habían arrastrado.

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El 18 de Julio de 1886, en Kentucky, EEUU, nacía el último héroe de una familia de estirpe militar cuyos nombres llevaban el mandato histórico de uno de los libertadores de América, ese día llegaba al mundo Simón Bolivar Buckner Jr. La historia de este curioso personaje se remonta a su abuelo Aylett Hartswell , un herrero y fabricante de armas de Columbia apasionado por las historias de los libertadores de Sudamérica, que hacía grandes esfuerzos económicos para que le consiguieran periódicos donde se detallaran las hazañas de San Martín, Sucre y Bolivar. En 1823 nace su tercer hijo al que lo bautiza con el nombre de Simón Bolivar Buckner, renunciando a que llevara su propio apellido para que ostentara el de un héroe militar, su esposa Elizabeth Ann Buckner no estaba muy de acuerdo por ello también llevaba su apellido. Simón Bolivar Buckner creció escuchando los relatos de su padre sobre los héroes del sur y heredó esa pasión llevándolo a reclutarse con solo 17 años para luchar en la guerra contra México. Por su lugar de residencia, en la guerra civil de los EEUU luchó en el bando Confederado rindiéndose frente al General Ulysses Grant al caer en la batalla de Fort Donelson. Orgulloso de lo que representaba su nombre, el 18 de Julio de 1886 fue padre de un varón al que bautizó Simón Bolivar Buckner Jr, lo crió como lo había hecho su padre y logrando el mismo compromiso y pasión. Simón Bolivar Buchner Jr, integró varios cuerpos de infantería que lucharon en la Primera Guerra Mundial, luego de finalizada llegó a liderar el 22.º Regimiento de Infantería y el Comando de Defensa de Alaska. Al estallar la segunda guerra mundial fue destinado a las fuerzas de ocupación del Pacífico, en su rol de General, lideró las tropas de desembarco en la batalla de las islas Aleutianas, por su valor y efectividad se le asignó el 10° ejército con el que conquistó las estratégicas islas Ryukyu. Por su impecable foja de servicios y arrojo fue ascendido a Teniente General, antes de la ceremonia formal lideró la conquista de la Isla de Okinawa que le valió la obtención de la Medalla por Servicio Distinguido del Ejército, sin embargo mientras visitaba a guardias de un puesto de avanzada fue asesinado por un francotirador Japonés. Fue el militar de mas alto rango muerto en combate durante la segunda Guerra Mundial, esto le agregó la medalla del Corazón Púrpura, la que nadie quiere por ser póstuma. Así fue como un Simón Bolivar murió como un héroe en la segunda guerra mundial, sus restos descansan en el cementerio de Arlington de Washington DC.

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Tal día como ayer se inicia el asedio de Castelnuovo que se prolongará hasta el 7 de Agosto de 1539, el asedio de Castelnuovo llegaba a su fin. Barbarroja culminó con la reconquista otomana de la plaza, tomada por el Tercio viejo de Nápoles el año anterior. Casi la totalidad de los defensores, que se negaron a rendirse a pesar de estar en franca minoría, perecieron en el asedio.


Las proporciones eran de 50.000 turcos contra un tercio de 3.000 españoles. Perecieron más de 20.000 turcos. La valentía demostrada por el tercio de Sarmiento causó amplia admiración en toda Europa.


El asedio de Castelnuovo.


Dieciocho de julio del año 1539, cincuenta mil turcos rodeaban la fortaleza de Castelnuovo (actual Herzeg Novi, en Montenegro), ocupada por tres mil quinientos hombres pertenecientes al Tercio de Nápoles.


Castelnuovo fue tomada poco antes por la Santa Liga, integrada por el Imperio, Venecia y el Papado con el fin de frenar la expansión otomana, destruir su flota e incluso capturar Constantinopla. Pero tras su disolución, debido a recelos entre italianos (que aportaban la mayoría de las naves) y españoles (que ocupaban los mandos y componían la mayoría de la tropa) y a otros factores externos (Francia amenazaba con reanudar la guerra con el Imperio) la ciudad quedo aislada de Venecia, que aunque la reclamaba, nunca hizo nada por abastecerla.


En el verano del año 1539 el temible Hayradin Barbarroja cercó la ciudad con una gran flota de galeras y cincuenta mil turcos. Al mando de los tres mil españoles, Francisco Sarmiento con la única ayuda de cuarenta y nueve naves del genovés Andrea Doria para abastecerla frente a las doscientas de Barbarroja. Esta brutal diferencia, llevaron a Doria a retirar sus barcos, con lo cual, los españoles quedaron totalmente aislados ante la indiferencia veneciana y de sus propios superiores.


Mientras las doscientas naves tripuladas por veintemil marineros bloqueaba la ciudad por mar, los treinta mil soldados restantes al mando de Ulema de Bosnia cercaban la ciudad por tierra. A pesar de su superioridad numérica los primeros asaltos resultaron en un absoluto fracaso. Los españoles defendieron la ciudad de una manera encarnizada, pues sus ordenes eran vencer o morir. Hayradin decidió entonces ofrecer una rendición honrosa a la plaza, a lo que Francisco Sarmiento les desafió a “venir cuando quisiesen”.


Pero Barbarroja aprovechó el precioso momento de las negociaciones para desplegar la famosa, terrible y gigantesca artillería turca, que había batido las fuertes murallas de Constantinopla hacía menos de un siglo o, en lugares estratégicos. Durante varios días bombardearon Castelnuovo los turcos y destruyeron sus fortificaciones. Pero cuando los turcos asaltaron las ruinas los seiscientos españoles que quedaban, famélicos y cansados, pelearon con uñas y dientes y les obligaron de nuevo a retirarse.


De los tres mil españoles, dos mil ochocientos murieron dando su vida por una plaza que en España poco importaba, se llevaron consigo a veintemil turcos. Francisco Sarmiento murío en combate y los doscientos españoles restantes fueron ejecutados allí mismo o llevados como esclavos a Constantinopla.


Sin embargo la gesta impresionó a toda Europa y el hecho heróico fue cantado por muchos poetas de aquel tiempo, aunque hoy pocos españoles (amnésicos de su propia historia) lo recuerden.


Gutierre de Cetina sobre la gesta:


“Héroes gloriosos, pues el cielo

os dio más partes que os negó la tierra

bien es que los trofeos de tanta guerra

se muestren vuestros huesos por el suelo.


No por vengarnos, no, que no dejasteis

a los vivos gozar de tanta gloria

que envuelta en vuestra sangre la llevasteis,

sino para aprobar que la memoria

de la dichosa muerte que alcanzasteis

se debe envidiar más que la victoria.”

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LA “LEYENDA NEGRA” DE ESPAÑA EN EL PACÍFICO:LA HISTORIA QUE ROBÓ EL CAPITÁN COOK.

¿Hay una deliberada mentira histórica de personajes como el capitán Cook que se atribuyeron “descubrimientos” que pertenecían a España y Portugal?.

El Pacífico fue el último gran océano por descubrir. Agua incógnita. España, con sus naves, cruzó el Atlántico y descubrió un nuevo continente en su ruta a las Indias. Y, detrás de ese continente, llamado América, había otro océano, mucho mayor, que nadie había navegado al completo. Un viaje que conectaba por primera vez Europa, América, Asia y decenas de islas perdidas de los después llamados Mares del Sur. Fueron los barcos y marineros de la península ibérica, españoles y también portugueses, los primeros en navegar la mayor parte del globo.

Pero la historia se reescribió luego, siglos después, bajo el dominio de ingleses y franceses, quienes se apoderaron de aquellos “descubrimientos” para glorificar unas hazañas. El capitán Cook, así lo dicen los libros y películas, fue un héroe que navegó entre hielos e islas perdidas y paradisiacas. Y lo hizo, pero algunos siglos después de que lo hicieran marineros españoles y usando la cartografía robada tras el saqueo británico de la colonia española de Manila en 1762.

¿Han borrado potencias como Inglaterra y Francia la huella española en el Pacífico? “Hubo una gran envidia histórica de las hazañas de nuestros navegantes y exploradores, con el agravante de que muchos marinos extranjeros utilizaron la cartografía robada a los pilotos españoles que asaltaban en el mar o en los puertos americanos y filipinos. En todo caso hubo una voluntad deliberada de esconder los descubrimientos hechos por españoles para atribuirse la primicia de llegar allí”, explica a El Confidencial Juan Carlos Rey, oceanógrafo, exembajador de la Unión Europea, escritor y documentalista.

Juan Carlos, que pasa aún largas temporadas en esta parte del mundo, vivió una década en la región de la Melanesia. Sus investigaciones le han llevado a Vanuatu, Islas Salomón o Las Molucas, donde ideó y produjo el documental La odisea de las especias, que narra la presencia española y portuguesa en estas islas tras el paso de la expedición de Magallanes y Elcano. “Viajo por algunas de estas islas para descubrir restos de fortificaciones españolas, la huella cultural o el rastro borrado de aquellas expediciones. Ahora, tengo el proyecto de hacer tres capítulos de un nuevo documental para recuperar toda esa historia”, dice.

"El capitán Cook llegó a muchas islas en las que 200 años antes habían estado los españoles”

Se ha borrado mucho de todo aquello, porque los grandes trazos de la historia se han escrito entre el siglo XVIII y XX, cuando España y Portugal eran potencias decadentes y eran otras naciones europeas las que dominaban el globo. ¿Hay una deliberada mentira histórica de personajes como el capitán Cook que se atribuyeron “descubrimientos” que pertenecían a España y Portugal? “El capitán Cook fue uno de los marinos que usó cartografía española en sus viajes. Llegó a muchas islas en las que 200 años antes habían estado los españoles. Cualquiera que lea sus diarios verá que hay señales de la presencia española que él no quiso reconocer para así destacar sus viajes”, responde Francisco Mellén, historiador, vicepresidente de la Asociación Española de Estudios del Pacífico y autor de diversos libros sobre las expediciones españolas en el gran océano.

La huella está ahí. Hay toponimia hispana por todo ese inmenso mar. Las Islas Salomón se llaman así por dos expediciones, en 1568 y 1595, del leonés Álvaro de Mendaña. La Isla de la Guadalcanal, donde se librara una de las batallas más famosas de la Segunda Guerra Mundial, se llama así por el piloto de la nave, Pedro de Ortega Valencia, que la bautizó con el nombre de su pueblo en la sierra norte de Sevilla. Ambas poblaciones se hermanaron en 2013. Mismo ejemplo de la Isla de San Cristóbal, Santa Isabel, Isla de Ramos, Arrecife del Rocador, Arrecife de la Candelaria…

Muchos de esos nombres, sin embargo, se cambiaron después o adaptaron al inglés o francés. “Sobre todo ingleses y franceses cambiaron los nombres en beneficio de sus exploraciones, dando a entender que el descubrimiento lo hicieron ellos y que antes no se conocían. Recordemos que la práctica habitual de navegantes y corsarios ingleses que capturaban barcos de otras nacionalidades, sobre todo españoles, era apoderarse de la cartografía e interrogar al piloto de la expedición bajo pena de muerte. Los archivos españoles que recopilaban muchas de las informaciones navales (cartas náuticas, derroteros…) guardados en Manila fueron saqueados durante la ocupación inglesa de Manila, entre 1762 y 1764”, señala Rey.

Bikini, el archipiélago de la Micronesia donde Estados Unidos realizaba sus test nucleares, fue bautizado como Buenos Jardines por Álvaro de Saavedra en 1529. La actual Choisel, isla cerca de Papúa Nueva Guinea, fue rebautizada por el francés Louis Antoine de Bougainville en el siglo XVIII tras ser llamada San Marcos por la expedición de Mendaña de 1568.

Pero, quizás, el ejemplo más llamativo de toda esa cancelación histórica afecta a la mayor de las islas. “Desde épocas muy tempranas, había un continente desconocido, llamado Terra Australis Incógnita, que sería una masa de tierra que compensaría la masa de los continentes situados en el hemisferio norte. Pedro Fernández de Quirós inició una navegación de exploración para descubrir este continente mítico en 1606. Llegó a la isla de lo que hoy se conoce como Santo, que es la abreviación de Austrialia del Espíritu Santo, en honor de la casa de Austria, en el archipiélago de Vanuatu. El lugar donde desembarcó lo llamó Bahía de San Felipe y Santiago, hoy conocida como Big Bay. A partir del nombre de Austrialia deriva el actual nombre de Australia. En 1606, el navegante Luis Váez de Torres reconoció la costa norte de Australia, descubriendo el estrecho de Torres, casi 200 años antes que James Cook reconociera y confirmara que tal estrecho existía”, explica Rey.

Otro ejemplo llamativo son las Islas Hawái. “El descubrimiento del archipiélago de Hawái se atribuye al capitán Cook, quien visitó las islas el 18 de enero de 1778, y las llamó Islas Sándwich en honor al cuarto conde de Sándwich, John Montagu. El archipiélago recibe el nombre de la isla más grande, Hawái, que a la vez es la más oriental. Sin embargo, dichas islas habían sido ya descubiertas por los españoles más de 200 años antes, bautizándolas como islas de los Reyes o de los Jardines. En una carta que el comodoro británico George Anson robó a un galeón español, ya estaban representadas dichas islas con los nombres de La Mesa, Los Majos (Monjes) y La Desgraciada. Por cierto, esta isla de La Mesa se refiere a la montaña-volcán el Mauna-Loa, que los marinos ingleses denominaban table land, que para el caso es lo mismo”, explica Mellén.

Hay más ejemplos. “En el segundo viaje de Álvaro de Mendaña y Neira en 1595 a las Islas Salomón, después de partir del puerto del Callao, en Perú, avistaron unas islas que bautizaron con en el nombre de Marquesas de Mendoza en recuerdo del virrey del Perú, García Hurtado de Mendoza. Los españoles bautizaron las islas con los siguientes nombres Magdalena (Fatu Hiva), San Pedro (Motane), Dominica (Hiva Oa) y Santa Cristina (Tahuata), islas que actualmente pertenecen al territorio de ultramar polinésico francés. Casi dos siglos después, en 1774, los siguientes europeos que arribaron a sus costas fueron el capitán inglés James Cook y sus hombres, recalando más de un mes después haber explorado la costa de la Antártida. El nombre actual del archipiélago recibe el nombre afrancesado de Marquises, recordando el nombre dado por los españoles”, ejemplifica de nuevo Mellén.

“Los pueblos del Pacífico son conscientes del legado dejado por españoles en sus islas”

¿Los pueblos del Pacífico saben que algunos de los nombres de sus islas o accidentes geográficos provienen de marineros españoles? “Los pueblos del Pacífico son conscientes del legado dejado por españoles en sus islas. Es más, el mestizaje fue la norma en numerosas islas. La figura de Álvaro de Mendaña es muy respetada en las Islas Salomón. Su nombre aparece por doquier en hoteles, calles, monumentos, plazas… Todos llevan el nombre de Mendana sin ñ, debido a la influencia anglosajona, que desconoce esa letra. Además, la tradición oral tanto polinesia como melanesia mencionan la presencia española en sus islas”, explica Juan Carlos Rey, que ha investigado ese legado en esas tierras en primera persona.

La Ilustración del siglo XVIII arrasó con ese pasado español y portugués. Reconstruir ahora un relato asentado durante dos siglos es complicado. ¿España y Portugal son los dos grandes perjudicados de una historia universal creada tras la Ilustración que han dominado británicos y franceses? “Sin duda alguna. Por una parte, los portugueses ya en 1512, con el descubrimiento por Antonio de Abreu de la isla de Timor. Luego, en 1525 Gomes de Sequeira y Cristóbal de Mendoza divisaron islas al norte de Nueva Guinea y posiblemente vieron las costas australianas. Por otra parte, los españoles con la expedición de Magallanes-Elcano, circunnavegaron el globo. Portugal fue perdiendo peso a medida que otros países conquistaban sus colonias. España, sin embargo, resistió 300 años más, hasta que los virreinatos se fueron independizando y la economía española no pudo con los cuantiosos gastos que suponía mantener aquellos territorios. Mientras, los ingleses y franceses mantuvieron aquellas islas y territorios con fines estratégicos y, por supuesto, comerciales”, responde Mellén.

“Ese conocimiento de saber que se ha borrado la historia me ha animado a proyectar tres nuevos documentales sobre el pasado español en el Pacífico. Los descubrimientos españoles allí han sido deliberadamente ocultados por otras potencias europeas, como el caso de Gran Bretaña y Francia, que llegaron unos 200 años después de que el 80% de las islas y territorios del océano Pacífico ya habían sido cartografiados o avistados por navegantes españoles. En su descargo, esas navegaciones se hicieron en el contexto de la época de la Ilustración, una época en la que los conocimientos de las ciencias naturales, cartografías y técnicas de navegación eran más adelantados y los medios de divulgación eran muy superiores y no comparables a las de los siglos XVI y XVII”, dice Rey.

España no quiso ni pudo dominar el Pacífico, más allá de su largo dominio en Filipinas. Mantener las posesiones en América era una tarea que se llevaba todos los recursos de la Corona. Pero, aun así, en el gran océano estuvo muy presente España en los primeros años en los que europeos y pueblos del Indo-Pacífico entraron en contacto. Hay fortalezas y pecios que lo atestiguan aún por descubrir. “En las islas Molucas se haya la mayor concentración de fuertes y fortalezas por kilómetro cuadrado en el mundo, en su mayor parte construidos por España. Numerosos fuertes son aún visibles en las Molucas y Sulawesi (hoy Indonesia). El libro recientemente editado Las fortalezas de las islas Molucas, Ternate y Tidore, del que soy coautor, así lo evidencia. Por lo que respecta a los pecios de barcos españoles y portugueses está todo por hacer”, espeta Rey.

¿Se hará? La enorme impronta española en América, junto a un debate político que polemiza con la historia, ha metido la huella española en el Indo-Pacífico en un cajón. Incluso la historia de Filipinas, la colonia española más longeva con Cuba, es una desconocida para muchos españoles. Sin embargo, allí empezó la primera verdadera globalización. “El Galeón de Manila o Nao de China es la primera globalización. Productos de China viajaban a Acapulco y viceversa”, señala Mellén. Habla del Tornaviaje, una expedición española realizada en 1565 que por primera vez navegó desde Filipinas a México cruzando el Pacífico. Eso cambió el planeta e hizo de la moneda de real española una moneda global. “A medida que esa plata [de América] se abría paso en Filipinas, Tailandia, China, las Molucas y Japón (…), el entramado comercial del Mar de China Meridional se transformó en una economía internacional que conectaba la región con lugares tan distantes como Madagascar, México y Madrid", explica el historiador canadiense Timothy Brook en su libro El gran estado.

Usted quizá sepa poco de todo este pasado relatado en este artículo, pero haga la prueba y escriba en un buscador de internet “Descubrimientos capitán Cook”. Seguro que encuentra algunos relatos que colisionan con las investigaciones de Rey y Mellén. Fuente: El Confidencial.

📷Nathaniel Dance-Holland

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De la series….Lecturas de por ahí

“”De soypilarenidiomas.es

En cuanto a “20 cosas sobre mí”

Por aclamación popular.

Que mira que sois cotillas y bandidos.

Después del me habéis llenado el buzón preguntado por lo del Ponche Caballero.

Así que… (redoble de tambores)

con todos ustedes…

LA HISTORIA SOBRE LA TOÑA CON PONCHE CABALLERO

Pues hete tú que tendría yo unos 16 o 17 años.

Esa edad en la que haces este tipo de chorradas sin conocimiento.

Era el cumpleaños de alguien que, sinceramente, no recuerdo, así que nos citamos en un parque para llevar bebidas, patatas y cosas de esas.

Lo normal eran la cerveza y el vinarro, pero una de mis amigas apareció con una botella de Ponche Caballero.

De esas que les regalaban a los padres en la cesta de Navidad y guardaban en cualquier sitio y luego se olvidaban.

Y nosotras, sofisticadas mujeres de mundo de 16 años, decidimos montarnos unos cócteles con el ponche ese.

Porque nosotras lo valíamos.

Y oye, qué cosa más buena.

Cómo entraba el ponche de bien.

Pero vamos, que entraba SÚPER BIEN.

Lo jodido vino luego al levantarnos.

Os voy a resumir un poco la historia de mi vergüenza.

Digamos de forma suave que hice un poco el ridículo.

Recuerdo sentirme completamente lisérgica y quedarme tirada con otra borrachina igual que yo mirando las nubes y encontrando parecidos en los arbustos del parque.

Como si estuviéramos en Woodstock pero sin drogas duras.

Luego decidimos que teníamos mucho talento y el mundo tenía que conocerlo, así que nos pusimos a cantar y a bailar en la zona de mayor paso de gente mientras pedíamos “donativos” por la actuación.

Tened en cuenta que, mientras yo vivía mi Leaving Las Vegas particular, esto debía de pasar tal que a las 7 o las 8 de la tarde, porque en aquellos tiempos yo tenía horario de niña.

Que a lo mejor ver a alguien haciendo el monguer a las 3 de la mañana no nos extraña mucho, pero a las 7 de la tarde queda AÚN PEOR, amiguis.

Y ya por último, en pleno éxtasis etílico que ya lo querría Santa Teresa

… Decidí que aquel era el mejor día para declararme a un chaval que andaba por allí y que me encantaba por aquella época.

A ver.

Mala idea.

Porque a mí me parecía que estaba viviendo un momento “vence tus miedos y vive tu vida, Pilar”, pero en realidad era una tía toa piripi con los ojillos desencajados, la baba caída y el pintalabios corrido como si viniera de una rave en un polígono.

Y luego es cuando, en plena declaración, el Ponche Caballero decidió que ya no quería seguir dentro de mí y prefería mudarse a mis zapatos y los del pobre chaval.

Y ahí que salió todo el surtidor, junto a la media bolsa de triskis que me había zampado “para hacer colchón y que no me siente mal el alcohol”.

No lo hagáis en vuestras casas, amiguis.

Esto dejádselo a los profesionales.

A partir de ahí todo fue una orgía de muerte y destrucción que acabó conmigo en el DonOso comiéndome una hamburguesa y UN CAFÉ CON SAL.

Luchando por mi vida en un asiento de metro.

Apareciendo en mi casa en condiciones más que dudosas.

Acostándome en la cama con billete para una montaña rusa sin fin.

Resaca.

Qué caca.

Pues como os digo.

Que ya nunca más he sido capaz de probar ni un buchito de Ponche Caballero.

Es ver la botella y me pongo malita.

Y esto mismo, pero sin café con sal, es lo mismo que le pasa a mucha gente con sus traducciones.

Han sido experiencias nefastas que les hacen jurar que nunca más volverán a contratar un traductor.

Porque a ellos también les salpicaron los zapatitos de triskis.

Pero yo te digo que no tiene por qué ser así.

Que no puedes confiar en que hay profesionales que no te van a dejar colgado.

No.

No tienes que hacerlo tú ni encargarlo a tu primo.

Me lo puedes encargar a mí.

Que ya no bebo Ponche Caballero.

Juraíto. 😊

PD: Si te jartas de reír con mis cosillas, dale a reenviar y comparte alegría con esa gente que tanto quieres.

Y diles que se apunten a mi newsletter.””

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  • 23 hours ago
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Dispongo del EPUB …(a petición )

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